Semana 1: marcador y atención
Todo empieza con un marcador, ya sea un clicker o una palabra corta como "sí". Durante los primeros días solo cargas el marcador: sonido, premio, repetición. El perro debe entender que ese sonido significa recompensa inevitable.
En paralelo trabaja el contacto visual. Premia cada vez que tu Pointer Alemán te mire espontáneamente. La atención voluntaria es la base sobre la que se apoya absolutamente todo el resto del programa.
Semana 2: sentado, tumbado y quieto
Introduce sentado y tumbado con guía de comida, sin presión física. Añade el nombre de la orden solo cuando el perro ya ejecuta el movimiento con fluidez; nombrar demasiado pronto asocia la palabra con la confusión.
El quieto se construye por duración antes que por distancia. Un segundo, tres, cinco, diez. Solo cuando el perro sostiene diez segundos a tu lado tiene sentido empezar a separarte un paso.

Semana 3: llamada y caminar junto
La llamada se entrena con correa larga, en entornos de dificultad creciente, y siempre con un pago superior al que el perro obtendría siguiendo con lo que hacía. Compites contra el olor de un ave: paga en consecuencia.
Para caminar junto, la regla es que la correa tensa detiene el mundo. El perro aprende que tirar no avanza y que soltar tensión sí. Requiere consistencia total durante dos semanas y funciona incluso en Bracos muy energéticos.
Semana 4: generalización y distracciones
Repite todo lo aprendido en cinco lugares distintos: casa, patio, calle tranquila, parque y un entorno con otros perros. Un comportamiento que solo funciona en la sala no está aprendido, está memorizado en un contexto.
Al terminar el mes deberías tener un Pointer Alemán que responde con fiabilidad razonable en entornos moderados. A partir de ahí, el mantenimiento consiste en integrar las órdenes en la vida diaria en lugar de en sesiones formales.

